domingo, 27 de julio de 2014

Cumbayá es un sitio de paso de aves migratorias

Evelýn Jácome, Redactora

 

Llegan desde el Polo Norte y se instalan en la capital por más de cuatro meses. Son esos 'turistas' que se enamoran del clima de Quito y que cada año regresan siempre al mismo sitio.

 

Los espejos de agua que hay en el Distrito son la casa de paso de cientos de aves migratorias que llegan desde zonas como Alaska, en el norte de Estados Unidos y Canadá, y se quedan en la ciudad, hasta que nuevamente emprenden vuelo y regresan a su hogar.

 

En la ciudad se han identificado, al menos, seis fuentes o sitios que se vuelven en lugares de paso para las aves. El reservorio de Cumbayá, el de Guangopolo, el Itchimbía, la laguna de La Carolina, el Jardín Botánico y La Alameda, entre otros, tienen la virtud de acoger a cerca de 20 especies de aves migratorias.

 

Para conocerlas de cerca, no hay que ir hasta un páramo o a un bosque alejado. Basta acercarse a Cumbayá, donde en estos días se encuentran las cercetas aliazules, un tipo de pato migratorio que anida en el Círculo Polar Ártico.

 

Este grupo de 98 aves eligió quedarse en Quito, cuando pudo hacerlo en México, Centroamérica, Colombia o cualquiera de los países que quedan en su trayecto. Así lo explica Juan Manuel Carrión, experto en aves y director del Zoológico de Guayllabamba. Ese grupo arribó el 5 de noviembre y hasta el momento continúa allí.

 

[[OBJECT]]Pero al parecer, según Carrión, empezaron su regreso a casa, pues comenzó la primavera en los países del norte. "Cuando llegaron, su plumaje era juvenil, café, sin marca. Hoy, en cambio, como todos los adultos, tienen la cabeza azul y una media luna blanca en la cara y una marca azul cuando extiende las alas".

 

Al caminar por los alrededores del reservorio, se puede escuchar el sonido que emiten estos animales -junto con los colibríes- como una banda sonora natural de la ciudad. La gente trota cerca de ellos, a unos 100 metros pasan vehículos y hay viviendas.

 

Eso evidencia la presencia de fauna urbana. Martín Rivas, quien ha trabajado con aves en proyectos en el noroccidente, explica que ese tipo de fenómenos oxigenan a la ciudad y evidencian la riqueza que hay en Quito, pese a que el cemento predomina en las calles. "Con la presencia de aves migratorias deberíamos deleitarnos todos los quiteños. Verlas nadar, volar sobre el agua, podría resultar antiestresante".

 

Hasta mediados del siglo pasado, en la ciudad podía encontrase una mayor cantidad de aves migratorias. Pero los grandes humedales que existían en el Distrito desaparecieron para dar espacio a la ciudad.

 

Antes de la llegada de los españoles, Quito era una zona de humedales. Hernán Orbea, arquitecto experto en urbanismo, cuenta que este es un tema de reminiscencia histórica.

 

Las partes bajas donde hoy se consolida la ciudad eran humedales, las cuencas hidrográficas drenaban sobre la parte central. Esto ocurría específicamente en el sector del actual parque Bicentenario, de La Carolina, de El Ejido y en el eje de Quitumbe-Chillogallo.

 

Según Orbea, tanto hombres como animales tienen una memoria que se transmite por costumbre y eso fue lo que definió a Quito como parte de las rutas de aves migratorias.

 

El valor paisajístico de la presencia de estas aves es enorme. Romper con el esquema de cemento para abrir estos espacios es fundamental, ya que es una recuperación simbólica del ambiente natural. Este tipo de espectáculos puede ser aprovechado, incluso, para impulsar el turismo interno.

 

Para Luz Elena Coloma, gerenta de Quito Turismo, las excursiones de observación de aves suelen ser especializadas en el sentido de que requiere conocimiento, paciencia y gusto. Sin embargo, cuenta que se han impulsado proyectos, especialmente en Mindo y en el noroccidente, donde hay lugares que se enfocan sobre todo en el tema de aves.

 

Quito participa cada año en una feria mundial de aviturismo, es decir, turismo de aves en Londres, Reino Unido. Allí se muestra lo que tiene para ofrecer a los amantes de estos animales.

 

La invitación está hecha para observar a estos visitantes y cuidar su entorno, de modo que dentro de 10 ó 20 años, continúen siendo los turistas más frecuentes de la capital.

 

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Pienknagura y Orska miran la vida con lupa

El pasado jueves se inauguró la exposición colectiva Deados,en la galería Z Lifestyle Gallery, en Cumbayá. Los artistas expositores de esta muestra, que estará en exhibición hasta fin de mes, son Roberto Pienknagura, con "Muertos vivientes", y Martina Orska, con "Cuyabeno sin filtro".

"Muertos vivientes" es una serie de cinco cuadros de formato amplio, aproximadamente 1 metro por 60 centímetros, que invita a que el espectador reflexione sobre lo que significa estar vivo, sobre las presiones que impone la cultura y sobre el sistema que, a ratos, se vuelve algo absorbente. En un primer vistazo se destacan los colores, que en su mayoría son primarios y de un tono intenso. Según el pintor, la idea es llamar la atención del público desde un primer momento.

Las pinturas tienen un toque surrealista: diversos microcosmos se unen entre sí formando un macrocosmos que envuelve los elementos del cuadro y da un extrasentido a la pintura. Si a la distancia un par de aviones parecen volar sobre un cañón colorido y feliz, a pocos centímetros, el espectador se encuentra con un hombre muerto, que está muy cerca del extractor de petróleo; un cementerio; un montón de carros que deambulan sin rumbo..., estas sutilezas despiertan una incógnita en el observador: la obsesión por la industria y el capitalismo, ¿está matando al ser humano? Acercarse a sus cuadros es como, de repente, sumergirse en un mar de realidades en las que no se piensa habitualmente. Es mirar la vida con lupa.

Una cara inmensa de color azul grisáceo que contiene ojos y pequeñas caras dentro critica cómo existen humanos que dedican su vida al servicio de los demás y, una vez muertos, nadie los recuerda; una calavera arrinconada en la esquina de una alfombra roja que se pierde en el horizonte es la cara del lado humano oscuro que incita a la perdición; y así, como estos, unos cuantos cuadros más de Pienknagura cuestionan los valores y el tipo de vida que responde a las necesidades capitalistas que, hoy día, absorben a muchos.

Al frente, están las fotografías de Martina Orska, en un formato mucho más pequeño y de un solo color: el verde naturaleza, pero en todos sus tonos. Las imágenes son simétricas y juegan con la imaginación del espectador, lo invitan a que se acerque, a que las inspeccione, porque algo de místico tienen. Hay que descubrirlo.

Después de verlas, la primera imagen que se dibuja en la cabeza del observador es la de una araña: casi todas las fotografías tienen una especie de tronco, unos cuantos palitos marrón que parecen patas y su cuerpo está como hecho de hojas de árboles y arbustos. ¿Es posible? La ambigüedad de las fotografías genera un diálogo entre el espectador, su percepción y lo que la imagen es realmente. No hay una verdadera figura: la serie de fotografías de Martina Orska es un juego que pone en evidencia la sensibilidad de su ojo y la versatilidad de la naturaleza, su capacidad de multiplicarse según lo que cada uno quiere ver.

La artista puso un nombre a cada fotografía. Mamut, Shamán, Taimiri,Unancha..., cada una tiene una historia. Al espectador le quedan las ganas de viajar al río Cuyabeno y encontrar la propia. Hasta tanto, puede ir a Z Lifestyle Gallery y encontrarse con dos exhibiciones que, a su manera, homenajean la vida. (MC)

 

 

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El Quito más "pelucón"

Junto al Quito tradicional fundado por los españoles hace 480 años, primera ciudad en ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (1978), y una de las 21 finalistas en el certamen Siete Ciudades Maravilla del Mundo, existe un Quito moderno, “cool”, al que allí llaman “pelucón”.

En el siglo XIX los pelucones eran los que utilizaban pelucas para emular a la antigua aristocracia, los rancios de la burguesía ecuatoriana, los cursis. Hoy, aunque vayan con el pelo rapado, los pelucones son los pijos de la ciudad y tienen su feudo en el barrio de Cumbayá, aunque a ellos les gusta llamarlo “Cumbayork”, mira oye tú. Ya sea en “Viena” (Vien al Norte), en Sur-ich (al Sur ¡oich!), o en Small Ville (Llano Chico), que es como si en Madrid llamásemos a mi barrio de Peña Grande “Big Rock”.

En Cumbayork, o sea Cumbayá, viven los pelucones, igual que en el Coyoacán en México DF, viven los “fresitas” (pijos en mexicano). En Coyoacán, una zona bohemia e intelectual, se encuentra la casa-museo de Frida Kahlo y Diego Rivera. En Cumbayá, la de Oswaldo Guayasamín, también gran muralista como el panzón mexicano. Lugares gemelos en la distancia, albergue ambos de la modernidad y de nuevos estilos de vida.
Barrio o pueblito anexionado a la capital del Ecuador, se encuentra al este de Quito, en el valle de Tumbaco, a una altitud de unos 2.200 m., es decir 600 metros más abajo que la ciudad histórica, lo que la hace más cómoda y que su clima sea más cálido, 4 ó 5 grados por término medio.
Dicen los informes oficiales, que el 30% de los habitantes de Cumbayá ganan más de 10.000 dólares mensuales (la moneda nacional en el Ecuador es el dólar estadounidense, me parece muy bien, ¿para qué se van a andar con bobadas?) una barbaridad teniendo en cuenta que el sueldo medio en el país no sobrepasa los 400 $.
En 20 minutos, atravesando en túnel Guayasamín, el más largo del Ecuador con 1,5 km. de longitud, nos plantamos en Cumbayork. Su eje central es El Parque, una plaza ajardinada, con su fuente y sus palmeras, muy coqueta.

Daniel Espinosa y Fernanda Ponce en Pentasiete Art Studio. Foto: Pilar Arcos

En el km. 11,5 de la Av. Interoceánica, junto al centro comercial Scala Shopping, nos encontramos con el Pentasiete Art Studio, una original iniciativa de tres jóvenes quiteños: Fernanda Ponce (Fer Ponce), Daniel Espinosa y Carolina Eguiguren. Fernanda es prima de Daniel, y éste es pareja de Carolina. Todo queda en casa. Los tres construyeron en 2011 este espacio alternativo de exhibición y venta de arte, donde se forman y promocionan artistas noveles, se potencia a los emergentes, como ellos mismos, y se consolidan otros de reconocida trayectoria. Ocupa un amplio edificio, antigua fábrica de tejidos rehabilitada, con paredes de 6 m. de altura donde cuelgan obras de todo tipo en busca de comprador.

Juan José Ruiz en Z Lifestyle Gallery. Foto: Pilar Arcos

No muy lejos, “a 200 metros de la iglesia en dirección a la cervecería por el camino viejo” (esto sí que es precisión) está la Z Lifestyle Gallery, un lugar diferente. Una casita baja, pintada con vivos colores entre los que predomina el amarillo, y que desde fuera no aparenta lo que es. La revista Casas la ha descrito como “un collage creativo que atrapa”. Un nuevo concepto de galería de arte, que renueva cada tres meses su oferta de cuadros, esculturas, muebles, moda, fotos, collages, artículos gastronómicos… Piezas únicas al alcance de muchos bolsillos gracias al espíritu emprendedor de Juan José Ruiz, que también restaura todo tipo de objetos vintage.

Thelab, taller-laboratorio de perfumes. Foto: Pilar Arcos

Volviendo a las inmediaciones de El Parque (Manabí E2-81 y García Moreno), entramos en Thelab, que pese a lo que su nombre nos podría indicar no es una tetería, sino un taller-laboratorio de perfumes. Aquí el cliente es el que manda y ordena su perfume personalizado. Telémaco Suárez y su equipo, partiendo de esencias importadas de Francia y alcohol nacional crean sus propias fragancias. Hay quien llega con un frasco de un perfume de marca y pide uno igual, pero menos intenso, o más seco. La diferencia final es que un frasco de 50 ml en Thelab cuesta unos 25 dólares, mientras que el importado no baja de los 100.
El éxito es tal que en solo dos años ya han creado una franquicia con nueve locales repartidos por todo el país.

El chef Eric Dreyer en la puerta de su restaurante, Ciré. Foto: Pilar Arcos

Y justo de enfrente de los perfumes, nos llega un grato olorcillo procedente del restaurante Ciré, uno de los mejores de Cumbayá y posiblemente de todo Quito. El llamativo color morado de su fachada da paso a un personalísimo diseño interior que se deja ver a través de las amplias ventanas. Y es que María Gabriela Crespo, pareja del chef Eric Dreyer, es una reconocida diseñadora de interiores y aquí ha dado rienda suelta a su creatividad. Tres plantas magníficamente decoradas en las que podemos degustar en el interior o en la terraza abalconada del primer piso una cocina internacional tirando a europea de temporada (la carta se cambia cada cuatro meses) con productos de primera calidad y mucho mimo en los fogones.
La canilla (pierna) de cordero con puré y tomates al horno es una de sus especialidades. También el pato con cuscús o en raviolis, y el pescado del día (algunos, como el chiri, se los traen desde el Perú) a la parrilla. Sin olvidar los entrantes para el picoteo, especialmente el pulpo a la parrilla que se anuncia en la carta (y puedo dar fe de su autenticidad)  “con pimentón de la Vera” y se acerca mucho al pulpo a feira gallego. Y es que el padre de Eric es español y él mismo, que ha vivido largas temporadas en España, fue chef en el Agappe del barcelonés barrio de Gracia.

 

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'Tricolores' mandan en el Jacarandá

En las canchas de tenis de Cumbayá los deportistas ecuatorianos mostraron su calidad. El pasado sábado se apropiaron de los títulos en la Copa Jacarandá, torneo organizado por la Confederación Sudamericana de Tenis.

Categoría 14 años

Oscar Mendoza, en la rama masculina, se proclamó campeón. Venció en la final a José Mayorga por 6-4 y 6-2. El tenista guayaquileño fue muy consistente en su servicio, con el que no dio posibilidades a su rival para dar la vuelta al encuentro que terminó en un poco más de una hora.

En la rama femenina, la campeona fue Mikaela Johnson, quien dejó en el camino a Mell Reasco. “Mell es una jugadora muy rápida, pero yo me había preparado mucho para este torneo, creo que llegué más lejos de lo pensaba pero todo fue gracias a la movilidad que tuve”, destacó la tenista guayaquileña.

Categoría 16 años

La campeona en damas fue Manuela Albán, aprovechando su tenis superó ampliamente a Manuela Gómez por 6-2 y 6-1. “La estrategia fue la concentración, sabía que no tenía que perder mi enfoque en la cancha y con eso cerré una excelente semana que significa mucho porque estuve varios meses parada por una lesión”.


En los varones, Alfredo Macías no tuvo que jugar la final, pues Joan Avendaño, tras una dura semifinal ante el venezolano Giovanny Belio, se retiró con una lesión en el hombro. Macías regresó así a Guayaquil con dos títulos obtenidos en los quince días pasados.
(JCV)

 

 

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Un mundo creado con cachivaches reciclados

Ramón Burneo presentó su muestra Des ensambles el pasado jueves en la galería Pentasiete Art Studio, en Cumbayá. La colección está compuesta por 38 esculturas hechas con cachivaches reciclados que el artista ha recogido y heredado de amigos, familiares y conocidos. Él empezó con este trabajo hace casi 20 años. Piezas de licuadoras, bicicletas, relojes y otros elementos desechados han dado vida a seres extraños que hacen actividades parecidas a las de los humanos: una pareja de esposos observa a través de unos binoculares; una calavera maneja un avión, otra es un bombero.

La razón por la que algunos de los muñecos tienen el rostro cadavérico tiene que ver con la muerte. El artista piensa que no hay que tenerle miedo, ya que es un destino que todos los humanos comparten. De alguna manera, hacer esculturas que parecen legos a gran escala representa su deseo de quitar importancia a la muerte para convertirla, más bien, en un juego.

Algunas han tardado más de seis meses en terminarse, otras se han construido más rápido. Todo depende de las piezas que el artista haya conseguido y de cómo ha logrado encajarlas. Él no ha utilizado pegamento ni herramientas para soldar metal: las ha construido únicamente ensamblado los cachivaches.

Algunas motocicletas, avionetas, bicicletas y trenes se exhiben como cuadros dentro de un marco. Lucen elegantes, sus colores son opacos, como antiguos; por lo general, azul marino, rojo oscuro, verde oscuro, dorado... Representan una de las aficiones de Ramón Burneo: los medios de transporte. La muestra estará hasta el 26 de julio. Las piezas se venden y varían entre $200 y $6 000. (MC)

 

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Dos incendios forestales en Cumbayá y Guápulo

 

La mañana de este lunes 21 de julio, alrededor de las 12:07, se registró un incendio forestal en el sector de Rojas, frente al redondel del Auqui (parte de la Ruta Viva), en Cumbayá. Los efectivos del Cuerpo de Bomberos lograron aplacar el incendio que rápidamente consumió, relativamente, poca vegetación. Patricio Núñez, morador del sector, contó que no es la primera vez que ocurre este tipo de siniestros. Hace dos años vivieron una situación similar pero de mayor intensidad. Pide a las autoridades, que en época de verano se adopten más precauciones para evitar accidentes mayores.

 

Los bomberos se demoraron unos 20 minutos en controlar el incendio. Actuaron unos 15 miembros de esta institución.

 

El otro incidente ocurrió en Guápulo. Según información del Cuerpo de Bomberos, el fuego se hizo presente en la González Suárez y San Ignacio. 16 personas atienden la emergencia. Luego de uno 30 minutos se lo controló.

 

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La ruta a Tababela, lista a fines de año

 

Mauricio Rodas, alcalde de Quito, dijo que la fase 2 de la ruta Viva, la cual estaba prevista que estaría lista en febrero pasado y que conecta a Quito con la vía hacia la terminal aérea Mariscal Sucre, en Tababela, concluiría a fines de año.

Estas obras, en una vía de 12,9 km, enlazan a los valles de Cumbayá y Tumbaco.

Rodas expresó que la anterior administración no superó los problemas de ocupación de predios y que en dos meses de su gestión se registra un avance del 47%. Afirmó que el 90% de los predios tiene ocupación legal por parte del Municipio y que el 10% corresponde a un grupo de 20 inmuebles que se hallan dispersos, con los cuales se lograría una solución en tres semanas.

El costo de la segunda fase de la ruta es de $ 65 millones y, según Rodas, la obra fue recibida con un crédito de $ 26 millones con la CAF pero con complicaciones y que su administración lo destrabó. La primera fase de la ruta tuvo un costo de $ 57 millones, mientras los puentes sobre los ríos Chiche y San Pedro valdrán unos $ 70 millones.

 

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