viernes, 24 de julio de 2026

Las Haciendas Coloniales de Cumbayá: Qué Queda Hoy de Aquel Pasado que ya Casi Nadie Recuerda

Durante décadas he caminado por los valles que rodean Quito, y pocos lugares me han mostrado un contraste tan fuerte entre su pasado y su presente como Cumbayá. Hoy es un suburbio moderno, lleno de urbanizaciones cerradas, centros comerciales y casas de diseño contemporáneo. Sin embargo, si uno presta atención, todavía se pueden encontrar rastros —algunos muy tenues— de las antiguas haciendas coloniales que durante más de trescientos años definieron la vida de este valle.

La historia de Cumbayá está íntimamente ligada a esas haciendas. Desde el siglo XVI, especialmente después de su fundación formal en 1571, el valle se organizó alrededor de grandes propiedades agrícolas que producían para abastecer a Quito. Eran espacios de trabajo, de poder y también de vida cotidiana para cientos de familias.

Cómo eran las haciendas de Cumbayá

Las haciendas coloniales de Cumbayá no eran de las más grandes de la sierra ecuatoriana, pero sí eran estratégicamente importantes por su cercanía a la capital. Cultivaban maíz, hortalizas, alfalfa y mantenían ganado. Muchas contaban con capillas propias, casas patronales de adobe o piedra, y dependían del trabajo de la población indígena de la zona.

Estas propiedades no solo producían alimentos. También eran centros de poder local. El hacendado ejercía una influencia considerable sobre la vida del valle, y las haciendas funcionaban casi como pequeños pueblos dentro de otro pueblo más grande.

Con el paso de los siglos, algunas de estas haciendas cambiaron de dueño, se dividieron o fueron vendidas por partes. Otras sobrevivieron más intactas hasta bien entrado el siglo XX.

Qué queda hoy de aquellas haciendas

La verdad es que muy poco se conserva en su forma original. La transformación urbana de las últimas décadas ha sido tan intensa que la mayoría de las tierras que antes pertenecían a las haciendas ya están urbanizadas.

Aun así, todavía se pueden encontrar algunos vestigios:

  • Algunas casas patronales antiguas que han sido restauradas o adaptadas como residencias privadas.
  • Capillas coloniales que aún se mantienen en pie, aunque muchas veces rodeadas de construcciones modernas.
  • Nombres de barrios y urbanizaciones que conservan el apellido de antiguas familias hacendadas.
  • Antiguos muros de piedra o adobe que aparecen de vez en cuando cuando se hacen excavaciones o construcciones.
  • Árboles centenarios y acequias coloniales que todavía marcan los límites de lo que fueron las propiedades.

Lo más común, sin embargo, es que el recuerdo de las haciendas haya quedado más en la memoria de las familias antiguas del lugar que en estructuras físicas. Muchos residentes mayores aún recuerdan nombres de haciendas que ya no existen o que fueron completamente transformadas.

El paso del tiempo y la pérdida del paisaje

En mis años recorriendo Cumbayá, he visto cómo el paisaje ha cambiado de forma radical. Donde antes había campos abiertos y casas de hacienda rodeadas de cultivos, ahora hay urbanizaciones con rejas, calles pavimentadas y casas modernas. El proceso ha sido rápido, especialmente desde los años 90 en adelante.

Esta transformación tiene dos caras. Por un lado, ha traído desarrollo, servicios y mejores condiciones de vida para muchos. Por otro, ha borrado gran parte de la memoria material del pasado colonial. A veces uno se pregunta cuántas historias se han perdido junto con las viejas construcciones que fueron demolidas para dar paso a nuevos proyectos.

Quedan algunos esfuerzos aislados por preservar lo poco que sobrevive. Algunas familias han restaurado casas antiguas, y hay quienes intentan mantener viva la memoria a través de relatos orales. Pero en términos generales, el pasado hacendatario de Cumbayá está cada vez más diluido en el paisaje actual.

Un pasado que aún influye, aunque ya casi no se vea

Aunque físicamente queden pocos vestigios, el legado de las haciendas coloniales sigue presente de formas más sutiles. La distribución de la tierra, la forma en que se organizaron algunos barrios y hasta ciertas costumbres locales tienen raíces en esa época.

Cumbayá ya no es el valle de haciendas que fue durante siglos. Es otro lugar. Sin embargo, entender de dónde viene ayuda a comprender mejor por qué es como es hoy. Ese pasado agrícola y colonial, aunque cada vez más invisible, sigue siendo parte de su identidad, aunque muchos de los que viven aquí ahora probablemente no lo sepan.

Después de tantos años observando estos cambios, he aprendido que los lugares guardan memoria de formas distintas. A veces esa memoria está en los muros que aún resisten. Otras veces, solo queda en las historias que cuentan quienes todavía recuerdan cómo era todo antes.


jueves, 23 de julio de 2026

La Fundación de Cumbayá en 1571: Cuando el Valle se Convirtió en el Granero de Quito

En 1571, mientras Quito todavía se recuperaba de los primeros años de la conquista española, un pequeño asentamiento en el valle de Tumbaco comenzó a tomar forma oficial. Ese año, según los registros coloniales, se fundó Cumbayá. No fue una fundación grandiosa como las de las grandes ciudades, sino algo más modesto y práctico: el reconocimiento de un lugar que ya cumplía una función vital para la supervivencia de la capital.

Por entonces, Quito necesitaba alimentos. La ciudad crecía, pero su altitud y su clima no eran los más favorables para una producción agrícola abundante. Fue allí donde Cumbayá encontró su primer gran rol histórico: convertirse en una de las principales zonas abastecedoras de la ciudad.

Un valle que ya producía antes de los españoles

Aunque la fecha oficial de fundación es 1571, la verdad es que esas tierras ya eran cultivadas mucho antes de la llegada de los españoles. Los grupos indígenas que habitaban el valle —principalmente los Quitu y comunidades relacionadas— ya aprovechaban la fertilidad del suelo y el clima más templado para sembrar maíz, papas, quinua y otros productos.

Cuando los españoles se establecieron en Quito, rápidamente entendieron el valor de esa zona. En lugar de empezar desde cero, tomaron lo que ya existía y lo organizaron bajo el sistema colonial. Así nacieron las primeras haciendas en Cumbayá, muchas de ellas otorgadas a colonos españoles o a personas cercanas a la administración colonial.

El papel de Cumbayá como proveedora de Quito

Durante los siglos coloniales, Cumbayá cumplió una función clara y estratégica: alimentar a Quito. Desde sus haciendas salían regularmente cargamentos de productos agrícolas que llegaban a los mercados de la capital. El valle se especializó en cultivos que la ciudad necesitaba con urgencia: hortalizas, maíz, alfalfa para el ganado y productos lácteos.

El sistema de encomiendas y luego de haciendas organizó la producción. Los indígenas de la zona fueron integrados, muchas veces de forma forzada, al trabajo agrícola. Las tierras de Cumbayá no eran las más grandes ni las más ricas de la región, pero su cercanía a Quito —apenas unas horas a pie o en mula— las hacía especialmente valiosas.

En mis años de investigación y conversaciones con historiadores locales, he encontrado referencias constantes a cómo Cumbayá formaba parte de una red de valles que sostenían la vida de la ciudad. Sin estos espacios agrícolas cercanos, Quito habría tenido muchas más dificultades para crecer y mantenerse como centro administrativo y religioso.

La vida en las haciendas de Cumbayá

La fundación de 1571 marcó el inicio de una estructura más formal. Las haciendas se convirtieron en el eje de la vida económica y social del valle. Algunas eran de tamaño mediano, pero todas compartían el mismo propósito: producir para el mercado quiteño.

La mano de obra indígena era fundamental. Muchas familias que ya vivían en la zona continuaron trabajando las mismas tierras, aunque ahora bajo el control de los hacendados españoles o mestizos. Este sistema perduró durante siglos y moldeó profundamente la identidad del lugar.

A diferencia de otras zonas más alejadas, Cumbayá tenía la ventaja de estar relativamente cerca de Quito. Esto permitía un flujo constante de productos frescos hacia la ciudad, algo que resultaba muy valioso en una época en la que el transporte era lento y costoso.

Del granero colonial al suburbio actual

Hoy, cuando uno recorre Cumbayá, cuesta imaginar que este mismo territorio fue durante más de trescientos años una zona principalmente agrícola al servicio de Quito. Las antiguas tierras de cultivo han sido reemplazadas en gran parte por urbanizaciones, centros comerciales y residencias modernas.

Sin embargo, esa función histórica como abastecedora de la capital sigue siendo parte importante de su pasado. Entender cómo Cumbayá nació y se desarrolló en 1571 ayuda a comprender mejor por qué este valle siempre ha tenido una relación tan cercana con Quito.

La fundación española no fue solo un acto administrativo. Fue el momento en que un valle fértil y estratégicamente ubicado pasó a formar parte oficial del sistema colonial, con una misión clara: ayudar a sostener la vida de la ciudad que se estaba consolidando en las alturas.

Después de tantos años observando cómo han cambiado estos valles, sigo creyendo que conocer este capítulo de la historia de Cumbayá permite entender mejor su presente. Aquel pequeño asentamiento fundado en 1571 para alimentar a Quito terminó convirtiéndose, siglos después, en uno de los lugares donde muchos quiteños eligen vivir y descansar. La historia, a veces, tiene giros curiosos.


miércoles, 22 de julio de 2026

Etimología de Cumbayá: ¿realmente significa “lugar de descanso” en quechua?

Recorriendo los valles de Quito, he escuchado muchas explicaciones sobre el origen de los nombres de los pueblos. Algunas son fruto de una investigación seria, otras son simples repeticiones que se han convertido en verdad absoluta con el paso del tiempo. El caso de Cumbayá es uno de esos que siempre me ha generado cierta curiosidad.

Casi todo el mundo que habla del lugar —guías turísticos, sitios oficiales, incluso algunos historiadores locales— afirma con seguridad que Cumbayá significa “lugar de descanso” o “lugar para dormir” en quechua. Es una explicación bonita, lógica y fácil de recordar. Pero ¿es realmente cierta? Después de tantos años escuchando esta versión, creo que vale la pena detenerse un momento a examinarla con más calma.

La explicación más difundida

Según la versión más extendida, el nombre proviene del quechua y se traduce como “lugar de descanso”. Esta interpretación aparece en documentos del Gobierno Parroquial de Cumbayá y es la que se repite constantemente en páginas de turismo y artículos sobre la zona. La idea tiene sentido: el valle de Tumbaco, por su clima más templado y su ubicación, habría funcionado históricamente como un punto de reposo para viajeros que iban y venían entre la sierra y el oriente.

Muchos quiteños y residentes de Cumbayá repiten esta explicación con naturalidad. Es atractiva porque conecta el nombre con la función que el valle cumplía en tiempos prehispánicos y coloniales: un lugar donde la gente se detenía a descansar antes de continuar su camino.

¿Qué dice realmente la lingüística?

Aquí es donde las cosas se vuelven menos claras. El quechua es una lengua rica, pero también compleja, y los nombres de lugares en los Andes muchas veces tienen orígenes que se pierden en el tiempo o que combinan varias raíces lingüísticas.

La palabra quechua más común para “descansar” es samay, y para “dormir” es puñuy. No resulta sencillo encontrar una raíz directa que dé exactamente “Cumbayá” con el significado de “lugar de descanso”. Algunos especialistas sugieren que podría tratarse de una deformación o adaptación de otra palabra quechua, o incluso de un nombre que existía antes de la llegada de los incas, cuando otras lenguas se hablaban en la región.

Es bastante común en el Ecuador que los nombres de pueblos y valles tengan explicaciones populares que se repiten durante décadas sin que exista un estudio lingüístico profundo que las confirme. En muchos casos, estas interpretaciones nacen de buenas intenciones y del deseo de darle un sentido bonito al nombre, más que de una investigación rigurosa.

Otras posibles explicaciones

Algunos investigadores locales han planteado que el nombre podría tener relación con palabras vinculadas al paisaje o a características del terreno, más que al acto de descansar. Otros apuntan a que podría tratarse de un nombre anterior a la expansión inca, posiblemente de origen más antiguo, que luego fue adaptado al quechua.

Lo cierto es que no existe, hasta donde yo he podido consultar a lo largo de los años, un documento colonial temprano que explique de forma clara y definitiva el origen del nombre Cumbayá. La mayoría de las referencias que encontramos son relativamente recientes y repiten la misma versión del “lugar de descanso”.

Esto no significa que la explicación sea falsa. Simplemente significa que, como ocurre con muchos topónimos andinos, su origen preciso sigue siendo un tema abierto a discusión.

Por qué importa el origen del nombre

Más allá de la precisión lingüística, el hecho de que tanta gente asocie Cumbayá con la idea de “descanso” dice algo interesante sobre cómo los habitantes perciben su propio territorio. Ese significado, aunque sea discutible desde el punto de vista etimológico, ha calado hondo en la identidad local. Hoy, cuando la gente habla de mudarse a Cumbayá, muchos mencionan precisamente esa sensación de “descanso” que ofrece el valle comparado con el ajetreo de Quito.

Quizás esa sea la verdadera fuerza del nombre: no tanto su origen exacto, sino el significado que la gente le ha dado con el paso del tiempo.

Después de tantos años escribiendo sobre estos valles, he llegado a la conclusión de que los nombres de los lugares rara vez tienen una única verdad absoluta. A veces lo más importante no es saber con certeza qué significaba la palabra hace quinientos años, sino entender qué significa para quienes viven allí hoy.

Cumbayá puede o no significar literalmente “lugar de descanso” en quechua. Lo que sí es innegable es que, para miles de personas, ese valle sigue cumpliendo esa función: un espacio donde se puede respirar con más calma, alejado del ritmo acelerado de la capital. Y tal vez, al final, eso sea lo que realmente importa.



martes, 21 de julio de 2026

Orígenes Precolombinos de Cumbayá: Las Culturas Quitu-Cara, Puruhá y Colimes en el Valle de Tumbaco

Enclavada en el fértil valle de Tumbaco, a solo veinte minutos del bullicio de Quito, Cumbayá guarda bajo sus calles modernas y sus urbanizaciones de lujo un pasado milenario que pocos se detienen a explorar. Mucho antes de que los españoles fundaran la parroquia en 1571, esta tierra ya era hogar de comunidades indígenas que aprovecharon su ubicación estratégica, su clima templado y sus suelos fértiles para construir una vida próspera y conectada.

Hablar de los orígenes precolombinos de Cumbayá es hablar del pueblo Quitu (o Kitu), de los señoríos que formaban parte de la cultura Panzaleo y de la presencia de grupos como los Quitu-Cara, los Puruhá y los Colimes. Estos nombres no son simples etiquetas históricas: representan la raíz viva de un territorio que, a lo largo de mis más de cincuenta años recorriendo los valles quiteños, sigue sorprendiéndome por su capacidad de guardar memoria en cada ladera y cada riachuelo.

El nombre que habla del pasado

El propio nombre Cumbayá tiene raíces profundas en el quechua. Según la tradición recogida en documentos antiguos y relatos locales, significa algo así como “lugar de descanso” o “lugar para dormir”. No es casualidad. Durante siglos, este valle sirvió como punto de paso y de reposo para comerciantes que transitaban entre la sierra y el oriente amazónico.

Cuando uno camina hoy por las calles que rodean la Plaza del Parque o sube hacia las laderas del Ilaló, es fácil imaginar a los antiguos caminantes deteniéndose aquí para recuperar fuerzas, intercambiar productos y compartir historias. Ese rol de “descanso” no nació con la colonia: ya existía mucho antes.

Los Quitu: los verdaderos dueños del valle

Los Quitu fueron los ocupantes originarios de la zona de Pichincha. Formaban parte de una red más amplia de señoríos conocidos como cultura Panzaleo. Su territorio abarcaba los valles de Quito, Cumbayá, Tumbaco y Los Chillos. No eran un imperio centralizado como el de los incas posteriores, sino una confederación de señoríos unidos por alianzas horizontales y un intenso intercambio comercial.

Los mindalaes —comerciantes especializados— conectaban estos valles con la Amazonía, la costa y otras regiones de la sierra. Desde Cumbayá y Tumbaco salían productos agrícolas hacia el norte y el sur, mientras llegaban conchas, plumas, algodón y otros bienes de regiones lejanas.

En el área específica de Tumbaco se han identificado señoríos como El Inga, Puembo y Pingolquí. Algunos investigadores sugieren que uno de estos asentamientos, conocido en fuentes antiguas como “Pueblo de los Guavas”, podría haber estado precisamente donde hoy se levanta Cumbayá.

Los Quitu-Cara aparecen frecuentemente mencionados como parte de esta misma red cultural. Aunque los Cara o Caranqui se ubicaban más al norte, las alianzas y matrimonios entre grupos crearon una identidad compartida que los cronistas españoles agruparon bajo el nombre de Quitu-Cara.

Presencia de Puruhá y Colimes en el territorio

Junto a los Quitu, otras culturas dejaron su huella en la región. Los Puruhá, originarios de las tierras más al sur (alrededor de lo que hoy es Riobamba), mantuvieron contactos comerciales y probablemente migraciones hacia el norte. Su presencia en el valle de Tumbaco se explica por esas redes de intercambio que unían toda la sierra central.

Los Colimes, por su parte, aparecen en la memoria local y en documentos parroquiales como uno de los grupos que habitaron estas tierras antes de la llegada española. Eran comunidades agrícolas que aprovecharon la fertilidad del valle para cultivar maíz, papas, quinua y otros productos que sustentaban a poblaciones crecientes.

Lo que sorprende, después de tantos años cubriendo estas historias, es la continuidad. Las mismas laderas que hoy bordean las urbanizaciones de Cumbayá fueron cultivadas hace más de mil años. Los suelos volcánicos, ricos en minerales, permitían cosechas abundantes incluso en épocas de sequía relativa.

Cómo vivían: agricultura, comercio y organización social

Los antiguos habitantes de Cumbayá no construyeron grandes pirámides ni ciudades de piedra como las de otras culturas andinas. Sus asentamientos eran más modestos: bohíos de madera y paja que podían reconstruirse fácilmente tras erupciones del Pichincha o deslizamientos.

Vivían en pequeños señoríos o ayllus, organizados alrededor de caciques locales. La agricultura era la base de todo. En las partes más planas del valle cultivaban maíz y tubérculos; en las laderas más altas, pastoreaban llamas y alpacas.

El comercio era constante. Cumbayá y Tumbaco funcionaban como “puertas” entre la sierra y el oriente. Los mindalaes recorrían estos caminos cargando productos que luego se distribuían por toda la región. Esa vocación de cruce de caminos explica por qué el valle siempre ha sido un lugar de encuentro y mestizaje cultural.

Evidencias que aún podemos encontrar

Aunque en Cumbayá propiamente dicho no existen grandes sitios arqueológicos abiertos al público como los de Rumipamba o La Florida en Quito, el valle de Tumbaco comparte el mismo sustrato cultural. Hallazgos de cerámica, herramientas de piedra y restos de enterramientos en tumbas de pozo aparecen con cierta frecuencia cuando se realizan obras o excavaciones en la zona.

Lo más valioso, sin embargo, no está siempre bajo tierra. Está en la memoria de los residentes más antiguos, en los nombres de los barrios y en las costumbres que, de alguna forma, han sobrevivido al paso de los siglos. Cuando hablo con personas que llevan décadas viviendo aquí, muchos recuerdan historias de abuelos que hablaban de “los antiguos del valle” y de caminos que ya existían mucho antes de las carreteras.

El legado que persiste en la Cumbayá de hoy

La Cumbayá moderna, con sus cafés, sus colegios internacionales y sus residencias de lujo, parece muy lejana de aquellos señoríos precolombinos. Sin embargo, la conexión sigue ahí.

El clima templado que tanto atrae a residentes y visitantes hoy era el mismo que permitía buenas cosechas hace mil años. La ubicación estratégica que hoy facilita el acceso al aeropuerto y a Quito ya era valorada por los mindalaes. Incluso el espíritu de “lugar de descanso” que da nombre al pueblo sigue vivo en el ambiente más relajado que se respira comparado con el centro de la capital.

Cada vez que recorro estas calles —y lo he hecho cientos de veces a lo largo de mi carrera—, me pregunto cuántas generaciones han caminado por el mismo suelo que piso. Los Quitu, los Puruhá, los Colimes y todos los grupos que los precedieron construyeron, sin saberlo, las bases de lo que hoy es uno de los lugares más deseados para vivir en el Ecuador.

Cumbayá no es solo un suburbio próspero. Es un territorio con memoria. Y esa memoria, aunque a veces quede oculta bajo el asfalto y las casas modernas, sigue ahí, esperando que alguien se detenga a escucharla.

Si alguna vez visitas Cumbayá, tómate un momento en la Plaza del Parque o sube un poco hacia las laderas. Observa el paisaje. Piensa en quienes vivieron aquí mucho antes que nosotros. Esa simple reflexión, después de tantos años cubriendo historias como esta, sigue siendo una de las mejores formas de conectar con el alma profunda de este valle.

La historia de Cumbayá no comenzó en 1571. Comenzó mucho antes. Y entender eso cambia por completo la manera en que vemos el lugar que habitamos hoy.

 

 

miércoles, 3 de enero de 2018

El ATP 250 Ecuador Open Quito 2018 contará con cinco top 50 y seis top 100

El ATP 250 Ecuador Open Quito contará con cinco tenistas ubicados entre los 50 mejores del mundo y seis colocados entre los 100, informó la organización del torneo, que tendrá lugar del 3 al 11 de febrero de 2018 en el club Jacarandá, en Cumbayá (nororiente de Quito).
La Asociación de Tenis Profesional (ATP) publicó la lista de aceptación oficial de jugadores con 21 tenistas que harán parte del cuadro principal del torneo más importante del tenis ecuatoriano, que se cumplirá por cuarta ocasión en Quito.
El cuadro principal de este certamen, que integra el circuito ATP World Tour y que está compuesto por 28 jugadores, lo completan tres tenistas invitados y cuatro provenientes de los Play Off o ronda de clasificación.
De los 21 jugadores directos hay cinco entre los 50 y 11 entre los mejores 100 del ranking mundial: los españoles Pablo Carreño Busta (10) y Albert Ramos Viñolas (23), el ucraniano Alexander Dolgopolov (38), el italiano Paolo Lorenzi (43) y el francés Gael Monfils (46), son los top 50.
Mientras que los argentinos Horacio Zeballos (66) y Nicolás Kicker (95), el croata Ivo Karlovic (80); el campeón defensor, el dominicano Víctor Estrella Burgos (83), el estadounidense Tennys Sandgren (96) y el austriaco Gerald Melzer (100) son los que están entre los 100 mejores del ranking.
Los 10 jugadores restantes están debajo del corte, que lo demarca la casilla 127 del ranking. Entre ellos los suramericanos Carlos Berlock (112), los brasileños Thomaz Bellucci (113), Rogeiro Dutra Silva (101) y Thiago Monteiro (124) y el chileno Nicolás Jarry (111); los europeos Marco Cecchinato (109) de Italia, Pablo Andújar (105) y Adrián Menéndez- Maceiras (127) de España y Yannick Hanfmann (119) de Alemania y Ernesto Escobedo (120) de Estados Unidos.
Gael Monfils será el jugador que más alto ha llegado en el Emirates ATP Ranking en jugar en el ATP 250 Ecuador Open. En 2016 escaló al puesto 6 del mundo. El francés tiene seis títulos en su palmarés, un talento admirable y mucho carisma. Su presencia en el espectáculo deportivo más importante de la historia del país es prenda de garantía, de espectáculo de alto vuelo, contó la organizació.
Los play off o ronda preliminar de clasificación, instancia en la que participarán jugadores de excelente calidad, se realizarán el sábado 3 y el domingo 4 de febrero. Y el cuadro principal, del 5 al 11 de febrero.
Estrella Burgos alzó el trofeo en las tres versiones anteriores, 2015, 2016 y 2017, y se unió al grupo de tenistas que han ganado tres veces o más un mismo torneo, como Roger Federer en Wimbledon, Rafael Nadal en Roland Garros, Novak Djokovic en Miami, Kei Nishikori en Memphis, Stanislas Wawrinka en Chennai, David Ferrer en Acapulco, entre otros.
Por otra parte, la numeración de las localidades de la cancha estadio del Club Jacarandá serán adecuadas y rediseñadas, con el fin de brindar a los espectadores una mejor experiencia, más comodidad, mayor cercanía y accesibilidad con la cancha de juego.
Fuente

viernes, 8 de diciembre de 2017

El parque central de Cumbayá reverdece


Víctor Vizuete. 
Editor (I) 

Cumbayá es una parroquia rural del Distrito Metropolitano de Quito ubicada al noreste de la capital. Su altitud de 2 200 metros sobre el nivel del mar le confieren un clima privilegiado.

Sus más de 30 000 habitantes están contentos porque uno de sus referentes urbanos -el parque central- ha sido rehabilitado completamente.

Para realizar la tarea se unieron la Empresa Pública Metropolitana de Obras Públicas (Epmmop) y empresas privadas como Cervecería Nacional, Scala Shopping, El Chacal, Los Choris, Lucia Italia, Al Forno, Noé, Zavalita, PP Botella y Jardines Express.

 

El resultado es un parque renovado, con una iluminación nocturna decorativa. Los trabajos incluyeron un nuevos sistema de riego automatizado, la siembra de 18 000 plantas y flores nativas, la rehabilitación de áreas en mal estado, la regeneración de la fuente patrimonial y el mejoramiento del mobiliario urbano.

Las jardineras se renovaron con más de treinta especies de plantas como arupos, azaleas, lavandas, palmas areca, buganvillas, entre otras.

Andrés Bolek, gerente de Asuntos Corporativos de Cervecería Nacional, comentó: "Nuestro objetivo es incentivar a la comunidad a apropiarse del espacio público. El parque central es el corazón de la parroquia. Invitamos a todos los moradores y turistas a visitarlo, cuidarlo y recorrerlo".


Cumbayá tiene un nuevo tema versión Sanjuanito

Paola Gavilanes


Con cantos y danza tradicional, los pobladores de Cumbayá celebraron el lanzamiento de una nueva canción. Se llama En la puerta del Gran Valle y fue escrita por Walter Rojas, coordinador del Centro Cultural Cumbayá.

Rojas, un historiador de 26 años, trabajó durante un año en el proyecto y se inspiró en representantes de la música nacional como Carlota Jaramillo, el Dúo Benítez y Valencia, Hermanas Mendoza Sangurima. 

Este, según Rojas, es el cuarto tema que diversos artistas le dedican a Cumbayá, una parroquia suburbana del Distrito Metropolitano de Quito. Contó con el apoyo de la agrupación Los Juglares de Tabacundo, del cantante Wilson Tucán y del arreglista Vinicio Torres. 

Él se decidió por el género Sanjuanito. Rojas se mostró satisfecho durante el lanzamiento del tema y añadió que su letra narra el cariño que siente por su parroquia. "Es la tierra donde nací, donde crecieron mis padres, donde quiero morir". Luis Pillajo, de la comuna Lumbisí, aplaudió el trabajo de su amigo, pues considera que esas creaciones mantienen vivas las tradiciones de los antepasados. 

"Hay una serie de costumbres que se han perdido y este tipo de iniciativas nos recuerdan quiénes somos". De acuerdo con Rojas, los pobladores de Cumbayá son gente amable que reciben con cariño al turista. Y eso, precisamente, se observó la noche del jueves, en los exteriores del Centro Cultural. 

Los moradores de esa parroquia recibieron con agrado a las personas de comunas aledañas. Les dieron la bienvenida y los invitaron a disfrutar del show en el que participaron varios grupos de danza. Unos llegaron del valle de Los Chillos y otros, de Tumbaco. 

Los visitantes también recibieron un disco con la canción En la puerta del Gran Valle. Se imprimieron 100 copias. El objetivo es que los pobladores la escuchen y la memoricen para después interpretarla en futuras invitaciones. "Con frecuencia compartimos tradiciones entre los gestores culturales de cada comuna", recordó Pillajo. 

Elizabeth Moreta, de 27 años, también felicitó a Rojas por el lanzamiento del nuevo tema, pues aunque nació en el cantón Píllaro siente mucho afecto por Cumbayá. A Moreta le seduce la amabilidad de la gente y sus costumbres. Es por eso que se sumó a la movida cultural de Cumbayá. Expresa su admiración y respeto por sus ancestros a través de la danza.