sábado, 25 de julio de 2026

Cumbayá Antes del Boom: Historias de Quienes lo Vivieron Cuando Aún Era un Pueblo Tranquilo

He aprendido que los lugares cambian de formas que a veces resultan difíciles de imaginar. Cumbayá es uno de esos casos. Hoy es un suburbio consolidado, con urbanizaciones cerradas, tráfico en horas pico y una oferta comercial considerable. Pero hubo un tiempo, no tan lejano, en que era algo muy distinto.

Antes del boom inmobiliario que se aceleró a partir de los años 2000, Cumbayá seguía siendo un pueblo pequeño, de ritmo lento y carácter rural. Para entender realmente cómo era, lo mejor es escuchar a quienes lo vivieron desde niños o desde jóvenes. Son ellos los que guardan la memoria más clara de ese Cumbayá que ya casi no existe.

Un pueblo de chacras y caminos de tierra

Doña Mercedes, quien tiene 82 años y nació en Cumbayá, recuerda que cuando era niña el pueblo era mucho más pequeño. “Había pocas casas de cemento. La mayoría eran de adobe o bahareque. Las calles principales eran de tierra y cuando llovía se ponían muy feas”, cuenta. Según ella, la vida giraba alrededor de las chacras. Muchas familias tenían sus propios cultivos y animales. “Aquí se sembraba maíz, habas, papas y hortalizas. Lo que sobraba se llevaba a vender a Quito”.

Don Carlos, de 75 años, quien trabajó durante décadas en una de las últimas haciendas que quedaban activas, describe un ambiente muy distinto al actual. “No había rejas ni urbanizaciones. Uno podía caminar de un lado a otro sin problema. La gente se conocía. Si alguien necesitaba ayuda, los vecinos estaban ahí. No era como ahora, que uno casi no sabe quién vive al lado”.

El ritmo de vida era otro

Antes del boom, Cumbayá tenía un carácter mucho más comunitario. Las fiestas patronales, las procesiones y las reuniones en la plaza eran los principales eventos sociales. No existían los centros comerciales ni los colegios privados grandes que hay hoy. Los niños iban a la escuela del pueblo o a escuelas rurales cercanas.

Doña Rosa, de 78 años, recuerda con nostalgia los domingos: “Después de misa nos quedábamos conversando en la plaza. Los hombres jugaban fútbol en un potrero que había cerca. Las mujeres preparaban comida en casa. Era un día de descanso de verdad”. Según ella, el contacto con Quito era mucho más limitado. “Uno iba a la ciudad cuando era necesario, pero la vida pasaba aquí. No había tanta gente yendo y viniendo como ahora”.

El tráfico tampoco era un problema. Los caminos que conectaban Cumbayá con Quito eran más estrechos y había menos vehículos. Muchos residentes se movían en buses o incluso a pie o en bicicleta.

El comienzo del cambio

La mayoría de los residentes históricos coinciden en que el gran cambio empezó a notarse a finales de los años 90 y se aceleró después del año 2000. Fue entonces cuando comenzaron a llegar los primeros proyectos de urbanizaciones cerradas. Poco a poco, los terrenos que antes eran chacras o potreros empezaron a venderse.

Don Luis, de 71 años, cuenta: “Yo me acuerdo cuando vendieron el primer terreno grande para hacer una urbanización. Muchos decíamos que eso iba a cambiar todo. Y así fue. De repente empezaron a llegar gente de Quito, casas más grandes, rejas… El pueblo ya no era el mismo”.

Para muchos de los residentes más antiguos, el boom trajo cosas positivas, como mejores servicios y más oportunidades. Pero también trajo una sensación de pérdida. “Ya no es el Cumbayá que yo conocí”, repite con frecuencia doña Mercedes. “Ahora es más bonito en algunas cosas, pero ya no se siente como un pueblo. Se siente como una extensión de Quito”.

La memoria que aún resiste

A pesar de los cambios, todavía quedan personas que guardan con cariño el recuerdo de aquel Cumbayá más tranquilo. Sus testimonios son valiosos porque permiten entender no solo cómo era el lugar físicamente, sino también cómo se vivía y qué valores predominaban.

Hoy, cuando uno recorre Cumbayá, es fácil pasar de largo sin imaginar que hace apenas 25 o 30 años este mismo territorio era muy distinto. Las historias de quienes lo vivieron son quizás lo único que queda de ese pasado que se está desvaneciendo.




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